EL HOMBRE Y EL LIENZO

| Dramaturgia, General

El pasado 16 de Mayo estrenamos en el Teatro del Barrio, dentro del Festival Surge Madrid, -previo paso por La Teatrería de Ábrego donde mostramos el trabajo en proceso dentro del Festival Solo Tú- mi último texto: «El hombre y el lienzo». Un monólogo pensado para el artista multidisciplinar y amigo Javier Ruiz de Alegría. Producido por Kendosan (Jesús Sala e Inma Cuevas) y rodeado de un buen puñado de profesionales cercanos y generosos: Jacinto Bobo, Ramón Barea, Quique Mingo, Silvia Mir, David Ruiz hemos levantado esta función cuya última alegría es haber sido seleccionada para la temporada próxima en el Teatro Fernán Gómez. Será del 9 de Enero al 2 de febrero de 2020.

En ocasiones, no muchas, los textos parecen desarrollarse

al margen de la mano del autor. Partía de una idea: escribir sobre

un artista que pinta un autorretrato. Y sabía que para poner en

escena este texto necesitaba un actor que, además de poseer una

curtida experiencia sobre las tablas, tuviera la habilidad del pintor,

porque EL HOMBRE Y EL LIENZO tenía que ser una combinación

de teatro y pintura. Quería investigar sobre el proceso creativo

del artista, ahondar en sus miedos, sus dudas, sus deseos, sus

obsesiones. Quería escucharlo y quería verlo trabajar.

 

Surge de pronto la historia de un hombre –podría haber

sido una mujer- que arrastra consigo una ausencia poderosa,

una pérdida que le ha dejado una herencia llena de

incógnitas. Este artista vive, desarrolla su arte, siendo una incógnita

para sí mismo. Se busca a través de los trazos, de los

colores, de las formas que imprime en el lienzo y, mientras

indaga, a medida que el lienzo toma forma, comparte con

nosotros, espectadores, sus ideas sobre el arte y los descubrimientos

sobre su propia vida, haciendo que nos preguntemos

si arte y vida no son, en ocasiones, células del mismo

embrión creativo.

 

Llevo pintando autorretratos toda mi vida,

Le he respondido.

Contundente.

Con aplomo.

Sincero.

Una respuesta sincera.

Un regalo para el crítico de arte.

Y he continuado.

Llevo toda la vida intentando autorretratarme.

Para saber quién soy.

Para poder mirarme cuando observe el lienzo.

De verdad.

Para poder mirarme de verdad.

 

Para poner en escena este texto necesitaba un actor

que, además de poseer una curtida experiencia sobre las

tablas –un monólogo es siempre un reto-, tuviera la habilidad

del pintor. EL HOMBRE Y EL LIENZO es teatro y es pintura.

No quería un actor que hiciera como que pintara,

sino un actor que realmente fuera un artista plástico. Cada

representación dará origen a una nueva obra pictórica, a un

nuevo autorretrato, diferente cada vez. Tengo la gran suerte de

contar con esa persona, con ese artista bicéfalo que domina

ambas disciplinas. Pese a esa ventaja inicial soy consciente

de que la dificultad de la puesta en escena es maridar la

acción base de la obra –un hombre que pinta- con el texto

–un hombre que habla-. Encontrar la armonía entre ambas

acciones –partamos de la base de que la palabra es acciónes

el objetivo y el objeto de este futuro espectáculo.

 

He empezado diciendo que hay cosas

que no se pueden definir.

Que el arte es una de esas cosas.

Que si el misterio tuviera forma

el arte sería un misterio polimorfo.

Que la propia naturaleza del arte

es plurivalente.

Que cualquier intento de definir algo

que no comprendemos,

siempre nos conduce a la ambigüedad,

a la abstracción.

El hombre se busca en el lienzo. Foto cortesía de Aureo.
El hombre se busca en el lienzo. Foto cortesía de Aureo.

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